El centro cultural la Invisible de Málaga acogió el pasado 8 de octubre unas jornadas de feminismo romaní en las que se habló de intervención comunitaria, de memoria histórica, de derecho a la vivienda y de literatura hecha por mujeres gitanas.
Una crónica de AMUGE Elkartea, publicado en Pikara Magazine
“¡Hoy La Invisible es gitana!” Con esa exclamación inauguró Sandra Carmona Durán las jornadas de Feminismo Romaní que organizó la asociación de mujeres gitanas de Euskadi, Amuge Elkartea, junto con la entidad de juventud gitana Romi Berriak, la Editorial Altramuz y la asociación catalana Veus Gitanes-Rromane Glasura, el pasado 8 de octubre en el emblemático centro social de Málaga.
Además del desarrollo de la programación prevista —la presentación de la asociación Veus Gitanes, una mesa redonda sobre literatura contra el antigitanismo y una fiesta de cierre a cargo de Paquito Carmona— el evento estuvo marcado por dos hitos. Por un lado, el anuncio de la fundación de LenKalís, la red estatal de mujeres gitanas impulsada por las entidades y activistas que, en paralelo a esta jornada pública, mantuvieron un encuentro interno en Benalmádena. Carmona Durán leyó la declaración fundacional de esta red, en la que sus integrantes se muestran “orgullosas” de haber “convertido la rabia frente a las discriminaciones y violencias que vivimos a diario en potencia política contra un sistema capitalista, racista, clasista y machista”. En segundo lugar, el evento incluyó la intervención de la Tita Mari, una mujer gitana mayor de Málaga que se enfrentaba a un desahucio el 17 de octubre.
Feminismo gitano desde los barrios
Veus Gitanas se formó en 2006 como iniciativa de mujeres gitanas de barrios segregados como el de La Mina, que sentían que el trabajo de intervención social estaba condicionado por proyectos más orientados a la asimilación que a las necesidades de las comunidades. “Ves cómo una élite tanto gitana como no gitana habla por ti, decide y opina sobre cómo pensamos, cómo somos, qué necesitamos. Y ahí estábamos nosotras, trabajando en las bases, que no nos sentíamos reconocidas, y decidimos crear una asociación. Nos segregan durante décadas, nos arrinconan, luego nos culpabilizan de todas las dificultades que tenemos. Realmente te paras a pensar y dices: tenemos que hacer algo”, explicó su presidenta, Paqui Carmona.
Ese proceso fundacional incluyó un debate interno sobre si se sentían o no feministas y cómo construir un feminismo gitano propio: “Nos mirábamos en el espejo del feminismo blanco y no nos identificábamos. Yo no me quería emancipar como ellas, hacer una carrera individual de ellas hacia ellas. Yo quería caminar con mi comunidad, con mi familia, con mi papa, con mi mama, con mi gente, y al mismo tiempo quería igualdad. Pensaba: el modelo feminista blanco no nos sirve”.
Parte de ese trabajo ha sido legitimar a las propias mujeres gitanas como referentes de empoderamiento: “Si tú coges a un grupo de gitanas y le explicas lo que es feminismo, lo entenderían perfectamente, porque la mujer gitana ha sido feminista toda la vida. ¿Quién ha ocupado el espacio público cuando la mujer paya no salía? ¿Qué gitana no ha vendido en la plaza o ha leído la buenaventura?”, expuso Saray Rodríguez Cortés, integrante de Veus Gitanes. La estrategia de la asociación es trabajar el feminismo de forma transversal en actividades que piden las propias mujeres, como un taller de costura que culmina en un desfile de moda o un curso de caló y romanó con presas gitanas.
La intervención de Veus Gitanes se inició con la proyección de su documental Akana, que recoge el proceso de realización de la obra de teatro con el mismo título, que la entidad romaní presentó en el Teatre Grec de Barcelona. Protagonizado por niñas y niños gitanos del barrio de La Mina, los textos partieron de sus propios ejercicios de improvisación, en el que expresaron el orgullo romaní frente a 600 años de persecución.
Perona reconoció un ejercicio de autocrítica: como la parte de reivindicación del feminismo no fluyó espontáneamente en las niñas, fue la propia activista la que escribió esa parte del guion. “Fue la escena que peor salió. ¿Por qué? Porque las niñas no están en ese punto, y no lo hicieron desde su realidad. Cuando exiges a una comunidad hacer un proceso a un ritmo que no es el suyo, es un fracaso”.
Preguntadas por el público, las integrantes de Veus Gitanes dieron claves para una intervención educativa antirracista: “Hay que hacer vínculos con el alumnado, comunicarse con él, dar valor a su mochila, a su familia. Cuando el alumnado gitano no va a clase porque tiene una boda, los maestros lo viven muy mal y al día siguiente le regañan, no entienden que ese momento es muy importante. El sistema educativo es tan estricto, que no valora los saberes”.
Nos están desahuciando
Entre mesa y mesa, la organización del encuentro dio espacio a Ani, activista de la organización Un techo por derecho, y a la Tita Mari, una mujer gitana mayor que se enfrentaba a un desahucio por habitar su casa, que en la actualidad es propiedad de un fondo de inversión. Ani empezó conectando las políticas de turistificación con la discriminación hacia el Pueblo Gitano en el acceso a la vivienda: “Nos están desahuciando, a las gitanas y a las mujeres de Málaga nos están echando de nuestras casas porque Málaga se ha vendido como una ciudad turística. En este país es más fácil especular con la vivienda que ayudar a una familia a que se quede en su casa y no desestructurar a un hogar entero, oprimir a personas mayores, obligarlas a vivir sus últimos días y su enfermedad en su hogar. Apoyan más a fondos de inversión extranjeros que vienen a ganar dinero a costa de las familias trabajadoras”.
La activista por el derecho a la vivienda respondió también al discurso social y mediático que criminaliza a las personas en exclusión social que ocupan viviendas: “Somos okupas por obligación. Yo soy okupa de mi propia vivienda, Mari también y así sucesivamente 80 familias y mujeres de Málaga, de las cuáles el 80% somos gitanas y racializadas. Primero nos desahucian, nos dan una alternativa habitacional de tres días, y una vez que estamos en la calle nos quieren quitar a los niños porque no nos consideran padres aptos, porque no tenemos un techo en lo alto de nuestras cabezas. Veis que somos pobres y en vez de ayudarnos nos estáis mandando a la exclusión social. De la pobreza social se sale con ayuda, con trabajo, con fuerza, con ganas, pero de la exclusión social ¿quién sale? Pues eso es lo que están haciendo con nosotros”.
Finalmente, la propia Tita Mari alzó la voz con un mensaje de dignidad y de denuncia del sufrimiento físico, emocional y psíquico que suponen los desahucios: “A mí no me gusta estar de okupa, no me gusta que nadie me mire por encima del hombro, pero no me queda otro remedio. ¿Cómo voy a pagar 1600 euros de alquiler con unos ingresos de 650 euros al mes? Yo a nadie le he quitado la casa, yo se la he quitado a un fondo buitre. Nos están quitando las casas a nosotros, nos están haciendo enfermar, también de la cabeza, tenemos depresiones. Yo jamás en la vida me metería en casa de alguien que ha estado toda la vida trabajando para dejársela a sus hijos. ¿Pero de un fondo buitre? Por supuesto, ¡nos están quitando la vida! Os pido por favor que estéis conmigo, que no me quiten la casa”.
El público respondió a su llamado coreando al unísono “La Tita Mari se queda”. El 17 de octubre, las movilizaciones de apoyo organizadas por el Sindicato de Inquilinas y por Un techo por derecho consiguieron que se aplazase el desahucio.
El mito de la cultura ágrafa
Araceli Cañadas Ortega, profesora de filología en la Universidad de Alcalá de Henares, abrió la mesa sobre literatura desmontando el mito de que la cultura gitana es ágrafa. “Es una estrategia del privilegio blanco para negar una herencia, un legado, un conocimiento de siglos que se quiere invisibilizar. Ha habido escritores, poetas, novelistas, ensayistas y dramaturgos gitanos desde siempre”. Antes de iniciar la moderación de la mesa, se presentó como la primera y única responsable de una asignatura sobre cultura gitana en España: “Eso para mí no es un orgullo, es una pena”.
A continuación, Tamara Clavería, responsable de la Asociación de Mujeres Gitanas de Euskadi (Amuge), presentó el libro en Lectura Fácil Romani Hadin II: Tras las huellas de las mujeres gitanas en la historia de Euskal Herria. Señaló como objetivos de esta iniciativa “que las niñas gitanas tengan dónde mirarse” y contó que cuando ha interpelado a feministas académicas blancas sobre dónde están las mujeres gitanas en publicaciones de historiografía con perspectiva de género, su respuesta fue “Las tenéis que buscar vosotras”. Clavería hizo una doble lectura de ese mensaje: “Nos coloca una situación de responsabilidad, que la tenemos: nadie tiene que contar nuestra historia por nosotras. Pero qué perverso es el sistema cuando la blanquitud es quien tiene los recursos, la academia… Las mujeres gitanas deberían ser referentes también de las académicas que están haciendo memoria histórica”.
La responsable de Amuge destacó que este libro en Lectura Fácil se basa en una investigación realizada “desde el rigor de la academia, pero con la comunidad, que es lo que le da el rigor verdadero”. Sin embargo, reconoció las dificultades de encontrar en los archivos históricos huellas de mujeres gitanas, porque han sido tan invisibilizadas que las pocas que aparecen son por haber sido procesadas, por ejemplo, en el contexto de la Inquisición, acusadas de brujería por ser curanderas o leer la buenaventura. “Cuando nos decían que no hay mujeres gitanas referentes documentadas, no las hay en los libros de texto, en los libros de historia, pero las hay en nuestras vidas. Lo que ha dicho la Tía es huella para nosotras, aunque no esté escrita”, concluyó.
Por su parte, Sandra Carmona Durán presentó la editorial Altramuz, de la que es impulsora junto con Tamara Gámez, trabajadora social e investigadora malagueña. Su objetivo es ofrecer “una contranarrativa contra la literatura blanca, que ha creado una imagen durante 600 años de nuestro Pueblo y no la ha cambiado”. Puso como ejemplo que cuando una familia gitana pregunta por algún libro sobre su Pueblo adecuando para la infancia, en las escuelas y bibliotecas solo remiten a textos racistas como La Gitanilla de Cervantes.
Ese vacío le llevó a escribir y dibujar el cuento Alma, sobre una niña que, después de que otros niños le griten ‘¡Gitana!’ de forma despectiva, pregunta a su familia qué significa esa palabra. “Está muy suavizado. Nos llaman ‘gitana piojosa, gitana puerca, gitana guarra’. Así es como tú te tienes que enamorar de una palabra que te va a acompañar toda la vida. Se me ocurrió hacer este cuento para que todo el mundo se enamore de la palabra gitana, empezando por los niños y las niñas gitanas”, explicó.
Además, Carmona presentó como novedad la Revista Feminismo Romaní. Volumen 1. Decolonizando las narrativas blancas, una publicación de corte académico, que Altramuz ha editado en colaboración la Romnja Feminist Library. Se trata de una revista trilingüe, en español, inglés y romanés, ilustrada por ella misma. Y terminó reivindicando la necesidad de generar “una nueva iconografía, una nueva imaginería gitana”: “En el Museo del Prado, las mujeres gitanas que encontramos aparecen en los cuadros robando. Cuando veáis una mujer en un cuadro de Caravaggio leyendo la buenaventura a un señorito, pensad en su historia, que es la historia de un exterminio”.
Para terminar, Lola Cabrillana, maestra, vendedora de mercadillo y escritora malagueña, habló de sus novelas, en especial de La maestra gitana, pero también de su último libro, Vulnerables, sobre tres adolescentes que sufren violencia digital. “No consiento que nadie hable delante de mí del ‘fracaso escolar gitano’, porque el fracaso es del sistema. Ningún niño quiere estar donde no le quieren, donde le hablan mal de su cultura, de su familia y de su identidad”.
Cabrillana ha logrado publicar éxitos de ventas en grandes editoriales, pero ha sufrido por ello amenazas, insultos, ataques de piratería y demás formas de violencia digital machista y antigitana. Pero afirmó que nada de eso la amedrenta en su compromiso por contribuir a que “la literatura nos trate de otra manera”.
Después de un alegato desde la mesa a reconocer el flamenco como patrimonio artístico del Pueblo Gitano, la velada terminó con la actuación del cantaor malagueño Paquito Carmona.